martes, 17 de marzo de 2009

Hipertexto


Todos tenemos hipertextualizada la cabeza. Pero muchos no sabemos definir esas acciones que nos suceden continuamente y de las que somos conscientes. Sabemos que tenemos una gran red mental que nos hace enlazar, ir y volver, cambiar en cualquier momento de pensamiento para poder luego retornar a la idea inicial sin llegar a la locura. Y muchos se preguntarán, ¿pero es posible?. Si es posible, pero tal vez sólo somos capaces de ver claramente el ejemplo si comparamos esa red que nos recorre el cerebro con una masa enorme de ordenadores que se conectan. En realidad sólo algunos iniciados y especialistas son capaces de definir el hipertexto y de vislumbrar las implicaciones de esta herramienta. Y todo gracias al señor Vannevar Bush, que ideó la máquina hipertextual "mémex" en 1945, tratando de hacer factible y visible aquello de lo que el, como muchos otros era consciente. A partir de ahí, todos los avances tecnológicos han girado en torno a este elemento, materializado en la revolución digital.
Es curiosa la idea de las limitaciones que el hipertexto supera respecto al texto escrito, pero hay una gran cantidad de literatura que intenta burlar esta lógica y jugar a la hipertaxtualidad. Tenemos los ejemplos leídos en "El libro de arena" y " El jardín de los senderos que se bifurcan", pero acordémonos también de libros como "Rayuela" de Julio Cortázar, "Diccionario Jázaro" de Milorad Pavic, "Si una noche de invierno un viajero" de Italo Calvino, "Cien mil millones de poemas" de Raymond Queneau...

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